La Manzanilla no es solo un vino.

Es el reflejo vivo de un lugar único.

Más allá de fronteras, la Manzanilla se ha convertido en embajadora de una forma de vivir, de una tierra con historia y de una tradición que se saborea en cada copa.

No es un vino reservado para momentos excepcionales, porque cada sorbo es ya una ocasión especial.

Nacida exclusivamente en Sanlúcar de Barrameda, a orillas del Atlántico, la Manzanilla se forja gracias a un microclima irrepetible, donde humedad, salinidad y el aire de poniente marcan el ritmo de su crianza.

Bajo el delicado velo de flor, una capa natural de levaduras que protege el vino y le regala su carácter fresco, ligero y lleno de matices.

Te invitamos a descubrir un vino que habla de Sanlúcar, de su gente y de su esencia.

EL CIMA

Tras una profunda restauración, Las Covachas han sido recuperadas como sede del Centro de Interpretación de la Manzanilla (CIMA).

En este espacio histórico donde hace 500 años se aprovisionaban las naves que surcaban los mares con vino sanluqueño, se abre ahora un nuevo capítulo dedicado a la difusión y proyección internacional de la Manzanilla de Sanlúcar, un vino único con una tradición centenaria de comercio y cultura vitivinícola, heredera del espíritu viajero que llevó el nombre de Sanlúcar a todos los mares.

LAS COVACHAS: 500 AÑOS DE HISTORIA

Las Covachas, son una galería porticada de estilo gótico situada en la Cuesta de Belén, en el corazón histórico de Sanlúcar de Barrameda (Cádiz)

Este emblemático edificio fue mandado a construir a finales del siglo XV por Enrique Pérez de Guzmán, II duque de Medina Sidonia, como parte del dinámico entramado comercial de la ciudad durante la Baja Edad Media y el inicio de la Edad Moderna.

La estructura original estaba formada por trece arcos ojivales que descansaban sobre pilares decorados con figuras zoomorfas aladas —popularmente conocidas como sierpes o basiliscos— y un friso escultórico con motivos de grifos y sirenas, elementos que articulan uno de los ejemplos más singulares del gótico civil en Andalucía.» «Actualmente se conservan diez de esos arcos restaurados.

Adosadas a la antigua muralla medieval, junto al Palacio Ducal de Medina Sidonia, Las Covachas formaron parte de un enclave clave del comercio marítimo sanluqueño, estrechamente ligado al puerto y al Arrabal de la Ribera.

Aunque su función original no se conoce con certeza, actuaron como lonja de mercaderes, especialmente vinculada al comercio y a los intercambios derivados de las grandes expediciones oceánicas, en una época en la que Sanlúcar fue puerto de salida hacia el Nuevo Mundo.

Junto con el Palacio Ducal, el conjunto fue declarado Monumento Histórico-Artístico en 1978 y más tarde Bien de Interés Cultural en 2007, formando parte del Conjunto histórico-artístico de Sanlúcar de Barrameda.

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